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Por Joaquín Pacheco

‘’¿Qué hay detrás del discurso de odio?’’, se preguntaba un periodista del medio El País. ‘’La xenofobia, el rechazo de la pluralidad, la mentalidad paranoica frente al mundo exterior y la construcción de chivos expiatorios’’, concluye. Lo que pasa en Iquique no es algo particular, y se ha repetido a lo largo de la historia en movimientos fascistas, el régimen nazi, la dictadura cívico-militar en Chile y que ahora replica la ciudadanía, como la herencia de una idea podrida que corroe los pilares básicos de la buena convivencia y el respeto por la humanidad misma.

Tras el operativo policial en la plaza Brasil de Iquique, en el que se desalojaron a los migrantes más pobres y sin papeles, una parte de la ciudadanía decidió apuntar su odio iracundo y ridículo hacia las pertenencias de aquellas personas que pernoctaban en la plaza. Quemaron juguetes de niños, ropa e incluso coches para bebés.

Sin embargo, la xenofobia y los problemas de convivencia no son espontáneos. Es necesario darle un vistazo a la relación que tiene la ciudadanía con los medios de comunicación. En la pandemia, ya es común ver una racialización de la enfermedad, una especie de acusación injustificada a los extranjeros solo por ser extranjeros. Los medios festinan con el morbo del hacinamiento, y la ciudadanía identifica erróneamente a su enemigo.

En los medios, constantemente se repite la nacionalidad del inmigrante cuando hay un delito, como si la delincuencia fuese natural en su país de origen. Lo cierto es que hasta el 2017, solo un 2,36% de los imputados por crímenes eran inmigrantes, según los datos de la Defensoría Penal Pública. Además, un estudio realizado en Alemania del IZA Institute of Labor Economics declara que, pese a la masiva migración, no hay un aumento de víctimas de crímenes, y sin embargo las medidas preventivas del crimen han aumentado significativamente.

El estado, otra vez, se burla y deshumaniza a los inmigrantes. Chile no está adaptándose a la crisis migratoria latinoamericana, discriminando a quienes, por causas políticas, sociales o económicas buscan un mejor porvenir sin importar su legalidad.

Hay que condenar fuertemente el rol estatal en la irregularidad de los migrantes, y entender de una buena vez la empatía. Una vez más, esto se trata de la ineficiencia estatal y mediática que facilitan la discriminación arbitraria, los ataques xenófobos, racistas y discursos fascistas. Una vez más, esto se trata del sensacionalismo, del mal periodismo, del mal gobierno, de la burocracia y de la falta de solidaridad.